CARTA DE BIENVENIDA (by Paco)

Texto Francisco GAM Arrancapins
Texto Francisco GAM Arrancapins

 

Aunque hay controversia histórica, parece ser, que el origen del manicomio, son prisiones que los estados crean para “limpiar” la calle de indigentes.

Con posterioridad, el médico pasa a dirigir esas prisiones, y adapta el argumento médico al argumento político, explicando que ha encerrado a esas personas porque están enfermas, es decir, inventa la locura. Es así hasta el presente en el que la locura continúa siendo una hipótesis, no existe materialmente. Es decir: el policía, el carcelero y el juez son sustituidos por el psiquiatra, la mejor definición de psiquiatra es la de “director de prisión”.

Es una acepción “Controversia de la biopsiquiatría”, en la enciclopedia digital “Wikipedia” se puede leer:

“Es una declaración de septiembre de 2003, la asociación psiquiatría americana, que representa a 36.000 médicos líderes en salud mental, concedió: la ciencia del cerebro no ha alcanzado al nivel en que los científicos o clínicos puedan señalar ya las lesiones patológicas o anormalidades genéticas que en sí mismas sirvan como biomarcadores confiables de una enfermedad mental o un grupo de trastornos mentales. Probablemente se demostrará que los trastornos mentales representan trastornos de la comunicación intracelular o un sistema de circuitos neuronales desorganizado”

El material biológico es la sustancia material que demuestra a un investigador que una enfermedad existe. La locura no tiene ningún marcador biológico. La locura no existe materialmente. No hay ninguna porción de materia a la que un investigador pueda señalar con el dedo y decir: “esto es locura”. En el mejor intencionado de los casos, la locura es una hipótesis.

Es más la asociación psiquiátrica americana tiene la desvergüenza de afirmar que en el futuro “demostrará” que la locura existe. Recordemos que los americanos tiene poder para decidir lo que es verdad y lo que no: editan el catálogo de diagnósticos mentales más usados del planeta.

La seguridad social es un producto liberal para mejorar la fuerza del trabajo, aparecido en la industrialización. El seguro médico es un producto de la derecha política para reparar a sus obreros. La sanidad pública es un fenómeno económico, no sanitario. Desde la industrialización, cuando también aparece la sociedad de masas, el individuo debe adaptarse a la economía, a la sociedad, al grupo.

La sanidad pública satisface al grupo y destruye al individuo. El criterio sanitario que aplican a los departamentos de salud de los estados es la socialización de los individuos, el reagrupamiento, la reinserción social de los individuos segregados, de los individuos que están fuera del grupo.

Los departamentos de salud de los estados no curan ninguna enfermedad, solo reagrupan y reinsertan socialmente a los individuos segregados con fármacos y cirugía, y al individuo socializado se le da de alta en el grupo, en la sociedad. A modo de ejemplo simple, si un individuo tiene fiebre, el estado le da un antipirético y ya puede trabajar. Eso es economía, no sanidad. La sanidad pública no trata la causa de ningún efecto, solo trata el efecto, el síntoma, el aspecto.

La norma actual habitual es que la psiquiatría reprima y recluya en prisiones psiquiátricas o que externalice el cautiverio en modernos centros de salud, camuflando su esencial función política e integrándose como medicina en sistemas de salud pública, dulcificando el clínico y sádico sentido histórico inicial.

Los franceses llaman a la psiquiatría “la policía del pensamiento, pero su figura actual sería más bien la de un moderno inquisidor, al que nadie ha elegido, que reprime cuerpos y mentes con argumentos científicos y que muchas veces se sitúa en la práctica por encima de jueces faltos de criterio técnico.

El criterio psiquiátrico es la socialización del individuo. Las prácticas farmacológicas, psicoterapéuticas, policiales o económicas en psiquiatría sirven para reagrupar al individuo, para reinsertarle socialmente, no para curarle.

La psiquiatría, que es el estado, satisface al estado y al pueblo, pero nunca al individuo que pierde la libertad y la responsabilidad sobre su cuerpo.

Tanto la libertad como la salud son individuales. No hay ningún cordón que una la salud con el grupo, con la sociedad el individuo produce al grupo, y no al revés. Por importante que sea el grupo, más lo es el individuo. Es más, el grupo está compuesto por individuos, y no puede actuar contra sí mismo.

El médico es un informador. El enfermo es causa y el médico es efecto. Si el médico se responsabiliza de la salud de un individuo, el individuo pierde la libertad y la salud, porque ambas son individuales.

Cuando el médico se convierte en funcionario del estado se vuelve en opresor, e invierte el sentido del universo, es decir, el efecto precede a la causa, el médico precede al enfermos.

Aquí y ahora, el estado regula la relación entre el individuo y el grupo e inclina la balanza a favor del grupo, violando la libertad del individuo y satisfaciendo solo a la sociedad.

En la relación entre el ciudadano y el estado, la actual gestión psiquiátrica es un fenómeno unilateral, vertical y autoritario, nada democrático con tratamientos aparentemente voluntarios que anulan la única parte interesada en este conflicto: el individuo.

La agresión al loco va del genocidio secular real o potencial, al paternalismo, pasando por la frustración biográfica, la prisión, la criminalización, el envenenamiento, la miseria económica o la castración química.

La libertad y la salud son individuales. El estado es un mangoneador que mete el hocico donde no le importa, y además lo mete mal: ni la locura existe ni el estado la cura. El cuerpo es competencia exclusiva del individuo, y nunca del estado, y se debe defender incluso arriesgando la vida.

Para la mejor gestión de la salud mental se requiere de una asamblea de personas psiquiatrizadas con poder de decisión que resuelva la colisión entre el individuo y sociedad, en una relación horizontal entre iguales, válida para acabar con el genocidio secular de locos y que resuelva el conflicto entre todas las partes.

La gestión de este conflicto depende de la responsabilidad del individuo y es proporcional al grado de libertad que disfrute, tanto del que los demás le permitan como del que adquiera autónomamente y por iniciativa propia.

La responsabilidad en la consecución de la liberta es tarea individual.

Solo el individuo, atendiendo a su propia necesidad y satisfacción, accederá a un espacio de realización propia que le producirá libertad y felicidad independiente de causas ambientales, y que tendrá como efecto la suma de individuos libres y felices en un mundo sin opresión.

Decía Marco Tulio Cicerón que la libertad no consiste en tener un buen amo, sino en no tenerlo, y yo digo que “LA LIBERTAD NO SE SOLICITA, SE TOMA”

Los grupos de apoyo mutuo son el germen de la autogestión en salud mental.

Los compañeros y compañeras del GAM Arrancapins os deseamos Salud y Libertad.

 

Autor: Francisco (GAM Arrancapins)

islafluvial@gmail.com

 

 

 

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